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La gracia de los Reyes. Reseña

Más o menos una vez al mes nos toca sufrir todo lo relativo al denominado «partido del año» y cada tres meses, el «partido del siglo». Haciendo cuentas, nos salen veinticinco de uno y cuatro del otro. Esto es un simple ejemplo de cómo cada día tendemos más hacia la hipérbole para definir cualquier evento extraordinario —ya sean conciertos, motociclismo, baloncesto, etc—. Un fenómeno del que no se ha sustraído tampoco el mundo literario, saludando cada novedad como el libro del año o el nuevo heredero de XXX —insértese aquí nombre de saga famosa, clásico intemporal o autor superventas o de culto—. No es difícil pasear por una librería o visitar una web especializada para que nos salten cuarenta sucesores espirituales de Juego de Tronos, El nombre del viento, Harry Potter o los propios escritores. Y de La Gracia de los reyes ya se hablaba hacia meses como una de las novelas del año.

 

Por eso cuando la gente de Alianza me mandó una galerada de La Gracia de los Reyes me enfrenté a ella con una mezcla de miedo y ansiedad. ¿Me encontraría con otra novela que seguiría la estela marcada por Martin? ¿O sería un clon de Abercrombie? ¿Estaría a la altura de los elogios que me habían llegado de reputados conocedores del genero? ¿O seria una decepción, como me habían vaticinado otros?

 

Seis días de lectura después puedo decir que estamos ante una de las novelas del año. Así de claro y rotundo. ¿Por qué? Para empezar no pienso contaros nada del argumento —se lo dejaré a la contraportada y a que lo conozcáis vosotros de primera mano—, pero sí voy a hablaros de que ha hecho que a seis meses vista, y con un par de lanzamientos gordos en el horizonte, me decante por situarla en mi Top Five del dos mil dieciséis.

 

Ken Liu

Ken Liu

Ken Liu no trata de emular a Martin por lo que en lugar de centrar cada capitulo en uno de los muchos personajes que pueblan la historia —alejándose de esa estructura rashomoniana—, se acerca a una narración más clásica en la que crea bloques para cada uno de los personajes. He de reconocer que así expuesto puede parecernos aburrido, pues cierra la interacción que pudiera surgir mostrándonos diferentes puntos de vista. Pero lejos de levantar bostezos, el autor utiliza esta forma de narrar para así mostrar cómo unos hechos ocurridos en una punta del mundo afectan en la otra punta, y sobre todo, cómo a veces la falta de una visión global puede afectar nuestra comprensión de unos sucesos lejanos para nosotros.

 

Y es que ese es el tema central de esta primera entrega de la Trilogía de la dinastía del Diente de León, una comprensión basada en la filosofía oriental, en la que uno de los principales preceptos es que el hombre ha de ser como el bambú: capaz de doblarse ante los embates del viento y saber adaptarse a las nuevas circunstancias. Así, observaremos cómo los dos protagonistas, aliados al inicio, amigos después y enemigos al final, representan las consecuencias de seguir y no seguir este pensamiento. Uno acoge las vicisitudes que el destino le va poniendo en su camino y las usa en su búsqueda del bien común, mientras que el otro no sabe adaptarse, llevándole al camino de la sospecha y el miedo a la traición, todo por su rigidez e incapacidad de ver más allá de sus ideales. Con esto no quiero decir que la novela sea una exaltación del relativismo que tanto se ataca desde diversos sectores de la sociedad, sino que es un canto a la buena gobernanza y como todo aquel que quiera ser un buen regente ha de ser flexible y aceptar las ideas de sus consejeros y súbditos, por muy alejadas que puedan estar de sus creencias siempre que estas puedan ser beneficiosas para su pueblo.

 

¿Hay fantasía? Os estaréis preguntando a estas alturas. Pues no mucha, y la que hay entronca más con la mitología clásica que con lo que hoy en día entendemos por los tropos del género. Me explico: nos busquéis elfos, dragones, hechiceros, magia y demás elementos que definen lo que entendemos por novela fantástica. Lo único que vais a encontrar es un completo panteón de dioses y su intervención en los destinos de los humanos, todo al más puro estilo de los mitos griegos, y que para acentuar aún más su semejanza, cada uno de ellos es dios de un elemento —ya sea de la naturaleza o un valor—. Quizás, en ocasiones, pueda chirriar su aparición, ya que sirven de Deus ex machina para hacer avanzar la trama y resolver situaciones. Pero si lo vemos con perspectiva, vemos que Liu no está sino repitiendo la estructura clásica de los mitos antiguos de origen y podemos tomar esta novela como una reformulación de estos, tales como los de Eneas, Dido, Alejandro, Rómulo y Remo, etc…

 

¿Y lo demás? Os encontraréis unos personajes muy bien definidos, que evolucionan constantemente y no se quedan en los estereotipos que nos podíamos esperar en un inicio muy clásico —una rebelión contra un imperio y dos protagonistas, uno fuerte y otro inteligente— y van evolucionando de manera natural gracias a lo anteriormente comentado, a la vez que con sus diálogos nos introducimos en diferentes temas profundos y filosóficos. No busquéis grandes escenas de batalla, ya que Liu las despacha en unas pocas páginas—a veces incluso en un par de párrafos—; y por cierto, preparaos para diálogos —tanto internos como entre personajes— profundos, que lejos de resultar plomizos ayudan a que comprendamos mejor los cambios que se producen a lo largo de la novela.

Mapa del mundo en el que se desarrolla La Gracia de los Reyes

Mapa del mundo en el que se desarrolla La gracia de los reyes

Todo lo anterior se halla envuelto en un escenario que, como ya he comentado antes, se basa en la antigua China, y cualquiera que conozca esta época no se sorprenderá de las muchas referencias a las plantas y flores que jalonan la novela. De igual forma, podemos rastrear elementos del confucionismo y de las enseñanzas de Sun Tzu aplicados a la vida cotidiana y el desarrollo de la vida.

 

¿Qué hace que considere que esta es una de las mejores novelas que vais a poder leer este año? Lo primero es el alejamiento que hace el autor de todo lo que se está haciendo en la actualidad: no es una novela de fantasía sucia —Grimm Dark Fantasy— ni un clon de Martin; no está llena de Vikingos ni trata de ser un simple libro de aventuras. Una vez lo cierras te das cuenta que a la vez que has estado disfrutando como un enano de unos personajes completamente tridimensionales —y que todo lo que piensan y hacen es importante, no como lo tuyo, Kvothe— no has parado de reflexionar sobre todo lo que en ella se plantea, te has sumergido en un mundo totalmente ajeno a nosotros pero que es planteado con una sencillez extrema. Liu no esconde nada, no hay secretos asados que amenacen el futuro, no empieza con la acción ya lanzada —quizás el gran pecado que pesó en Malaz— y que poco a poco —y gracias a los movimientos de los personajes— va desplegando una historia llamada a ser épica en sus continuaciones. ¿Veremos un acercamiento a la fantasia tal y como la entendemos en las próximas entregas? No lo sé, pero desde luego no es necesaria y puedo afirmar que cualquiera puede atreverse con esta novela, desde los lectores de novela histórica hasta los de Ken Follet, pues cada uno hallará un asidero en esta historia; y eso es algo que muy pocos autores consiguen, atados a un género sin saber ofrecer destellos u ofreciéndolos de manera tan descarada que causan rechazo.

 

En definitiva, una novela con muy pocos altibajos, grandes personajes, una ambientación diferente, una historia absorbente, alejada de los códigos actuales  y que deja con ganas de leer la continuación —y que Leer Runas ya ha anunciado que publicará en 2017—. Cuando la cerréis, notaréis que hay algo nuevo en vuestro interior, y no es otra cosa que las ganas de saber qué pasará en el futuro con la Dinastía del Diente de León.

La gracia de los reyesTitulo: La gracia de los reyes / La dinastía del Diente de León 1

Autor: Ken Liu

Editorial: Alianza (Colección Runas)

ISBN: 9788491043546

Nº de páginas: 656

Precio: 24,00 € (ed. física) / 14.24 € (ed. digital)

 

Alberto Plumed

Librero de Cyberdark 

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